
Basta, Verónica. Arriésgate. No tienes nada que perder.
Un día me lo dije así, sin rodeos. Llevaba años con la idea de crear un ritual de amor propio dando vueltas en la cabeza, y entendí que si seguía esperando el momento perfecto, ese momento no iba a llegar nunca.
¿Cuántas veces te has dicho tú «algún día»? Yo me lo dije durante cinco años.
Hoy te quiero contar de dónde salió Ritual Cinco, este ritual de amor propio que cabe en un cofre negro. Porque detrás de una piedra, un aceite y un pergamino hay una mujer que tardó mucho en darse permiso. Esa mujer soy yo. Y a lo mejor, mientras me lees, te reconoces un poquito.
Los años en que no había tiempo para mí
Viví veinticinco años en Italia, y hoy te escribo desde Tenerife. Pero antes de llegar hasta aquí hubo unos años muy largos.
Me divorcié hace más de catorce años. Mis hijas eran pequeñas y me tocó sacar adelante a mi familia sola. Me dediqué a mis hijas en cuerpo y alma. Solo tenía tiempo para ellas.
Para mí, ni un minuto. Ni siquiera para pensar en mí.
Trabajaba en algo que no me llenaba, que no me daba ninguna satisfacción. Y el amor, cuando aparecía, nunca era el de la persona justa.
Así se pasan los años cuando una se pone siempre la última de la lista.
Mis hijas fueron creciendo. Y poco a poco empecé a sentir que la vida no podía ser solo eso. Que había algo más allá, y que nadie iba a venir a traérmelo. Me tocaba a mí ir a buscarlo.
Cuando empecé a buscar
Empecé escuchando. Podcasts y conferencias de mujeres que ponían palabras a lo que yo sentía y no sabía decir. Eso me ayudó muchísimo a entender qué necesitamos de verdad las mujeres.
Y me di cuenta de algo que me cambió por dentro. Yo podía lograr mucho. Pero no sola. Juntas, las mujeres podemos llegar a hacer tantas cosas…
Después me hice una pregunta que me acompañó mucho tiempo: ¿qué podía ayudar a mi mente y a mi cuerpo a sentirse seguros y protegidos al empezar el día?
La respuesta llegó poco a poco, y así empezó a nacer mi ritual de amor propio. Llegó por los sentidos.

La piedra
Siempre he creído en las piedras. Para mí son energía, y son creación de Dios.
Veía que mis hijas y mis amigas las usaban. Cuando les preguntaba por qué, me decían que la habían comprado porque era bonita y porque habían escuchado que daba energía. Pero de la piedra en sí no sabían nada en absoluto. Y yo quería saber el porqué.
Así que me puse a investigar. Al principio pensé en usar varias, y sigo creyendo en todas las piedras energéticas. Pero la que se quedó conmigo fue la selenita. Para mí es la más poderosa, la que carga a las demás. Y es práctica para mujeres como nosotras: no tienes que sacarla fuera de casa ni enterrarla en la tierra para que recupere su energía.
La que va en Ritual Cinco lleva grabada la Flor de la Vida, y elegir ese símbolo me llevó meses (te lo cuento en este artículo).
Cuando hago mi ritual, la apoyo en el pecho, sobre el corazón. Necesitaba algo que pudiera tocar. Algo físico que le dijera a mi cuerpo: esto es real, está pasando ahora. Lo importante es sentir su energía.

El aceite
Con el aceite me pasó lo mismo. Quería entender qué es eso que entra por la nariz y llega directo a la mente. Ese olor que en un segundo te hace sentir «sí, esto es, esto va a ser».
Probé y estudié qué hacían juntos hasta elegir el geranio y el pachulí. El geranio es el que sientes primero al respirar. El pachulí es el que lo sostiene, y sin él el aroma se iría en diez minutos.
Me pongo unas gotas en las muñecas y un toque en la punta de la nariz, y respiro hondo. Un perfume lo usas para que lo huelan los demás. Este lo hueles tú.

El pergamino
El pergamino no te llega en blanco. Dentro va una manifestación que yo preparo y escribo para ti, con todo mi corazón.
Tú le añades lo que necesitas pedir, y lo pides concreto: un buen trabajo, un hombre que te respete y te quiera bien. Después la firmas. Esa firma es tu pacto contigo misma. Ahí queda la constancia de lo que quieres para tu vida, y la vuelves a leer cada día.
Nuestra mente necesita que se lo repitamos. A mí me pasa que voy manejando y me descubro pensando en lo que pedí esa mañana. No sé si llegará mañana o pasado mañana. Pero ese pensamiento me acompaña todo el día y le da fuerza a mi cuerpo y a mi energía.
Por eso van juntos en el mismo cofre: los tres forman un solo ritual de amor propio. Cada uno sostiene una parte del momento, y separados no me funcionan igual.

Y aquí está la conexión que más me emociona. Con los días, tu propio cerebro empieza a pedirte ese aroma. Quiere volver a sentirlo. Y ese deseo es el que te recuerda que llegó tu momento. Ya no tienes que acordarte tú: te lo recuerda él.
Por qué mi ritual de amor propio dura cinco minutos
Porque nos damos todo el día. Nos levantamos y en un minuto ya estamos corriendo: el café, el trabajo, los mensajes, lo que quedó pendiente ayer. Llega la noche y no hay un solo momento de ese día que recordemos como nuestro.
Yo lo viví así durante años. Quizá tú lo estás viviendo ahora.
Por eso te digo: date cinco minutos. Pon la alarma cinco minutos antes, para empezar el día manifestando. Esos minutos son tuyos y lo sabes. Te despiertas, abres tu cofre, te pones el aceite, apoyas la selenita en tu corazón, lees tu pergamino y respiras hondo. Y sales a tu día con la fuerza que te diste tú.

La mañana tampoco es el único momento. Ritual Cinco lo puedes hacer en cualquier lugar y a cualquier hora, cada vez que sientas que lo necesitas. Cuando termino, cuento hasta cinco. Uno, dos, tres, cuatro, cinco. Y me alzo.
El día que me dije «álzate»
Ese día que te contaba al principio me dije muchas cosas.
Que hay millones de mujeres que han pasado lo mismo que yo. Que crían a sus hijos solas y no encuentran el amor. Que lo pierden todo y tienen que empezar de cero. Que me estaban esperando.
Que no tenía nada que perder y sí mucho que ganar. Y que aunque una sola mujer me escuchara, ya habría ganado.
Verónica, vamos. Álzate. Este es tu momento. Y arriba.
Así nació Ritual Cinco.
Para quién lo hice
Lo hice para todas, porque un ritual de amor propio no tiene edad.
Para la chica que estudia para sus exámenes y le pide al cielo que todo le salga bien. Para la mujer de treinta años que va corriendo detrás de todo. Para la que entró en la menopausia y para la que se divorció. Para la que perdió a alguien que amaba. Para la que crió a sus hijos y un día se encontró en una casa que de pronto está en silencio.
Lo hice pensando en ellas, y pensando en ti. Porque creo en mí, y creo en todas nosotras.
Y si hoy eres tú la que lleva años diciendo «algún día», te digo lo mismo que me dije yo: este es tu momento. Álzate.
Ritual Cinco todavía no está a la venta. Si quieres ser de las primeras en tenerlo en tu casa, te lo dejé todo contado en su página, con la lista de espera. Y te espero también en Instagram, en @eesenciademujer.
Con amor,
Verónica
Fundadora de Esencia de Mujer
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