
Hay una sensación que puede ser muy difícil de explicar.
Estás ahí.
Trabajas.
Resuelves.
Cuidas.
Contestas mensajes.
Te ocupas de cosas que nadie más ve.
Y, sin embargo, un día te miras y te das cuenta de que hace mucho tiempo que no te preguntas qué quieres tú.
A mí me pasó.
Durante años fui esa mujer que estaba para todos. La que resolvía. La que seguía adelante aunque estuviera cansada. La que encontraba la manera de que las cosas funcionaran.
Y mientras hacía todo eso, poco a poco fui desapareciendo de mi propia vida.
No de un día para otro.
Fue mucho más silencioso.
Primero dejé para después algunas cosas que quería.
Después dejé de escuchar lo que necesitaba.
Después me acostumbré a ocupar el último lugar.
Hasta que un día entendí algo que me dolió reconocer:
no había perdido mi esencia de mujer. Había dejado de prestarle atención.
Y quizá a ti también te esté pasando.
No necesitas convertirte en otra mujer.
Necesitas volver a encontrarte con la que ya eres.
CUANDO EMPIEZAS A SENTIRTE INVISIBLE
No siempre te sientes invisible porque los demás no te vean.
A veces te vuelves invisible para ti misma.
Te acostumbras tanto a responder a las necesidades de los demás que las tuyas empiezan a parecer secundarias.
“Después.”
“Cuando tenga tiempo.”
“Cuando los niños estén bien.”
“Cuando termine este problema.”
“Cuando tenga más dinero.”
“Cuando todo esté tranquilo.”
Y ese momento de tranquilidad puede no llegar nunca.
Porque siempre aparece algo.
Una responsabilidad.
Un problema.
Una persona que necesita algo de ti.
Y así pueden pasar meses.
Incluso años.
Hasta que un día te preguntas:
¿En qué momento dejé de formar parte de mi propia vida?
NO HAS DEJADO DE SER TÚ
Quiero decirte algo que a mí me ayudó mucho a entender lo que estaba viviendo.
Tu esencia no desaparece porque hayas pasado por momentos difíciles.
No desaparece porque hayas cometido errores.
No desaparece porque hayas dedicado años a cuidar de otras personas.
No desaparece porque hayas cambiado.
Tampoco tienes que volver a ser la mujer que eras hace diez, veinte o treinta años.
Quizá esa mujer ya no existe.
Y está bien.
Porque volver a tu esencia no significa volver atrás.
Significa descubrir quién eres ahora.
Qué quieres.
Qué ya no quieres.
Qué te hace bien.
Qué te pesa.
Qué estás dispuesta a cambiar.
Y qué parte de ti llevas demasiado tiempo dejando para después.
EL MOMENTO EN QUE DECIDES VOLVER A TI
Mi despertar no llegó con una gran revelación.
Llegó en silencio.
Llegó cuando entendí que nadie iba a venir a preguntarme qué quería hacer con mi vida si yo misma no empezaba a preguntármelo.
Y entonces apareció algo muy sencillo que se convirtió para mí en un pequeño recordatorio:
1, 2, 3, 4, 5.
Cinco segundos.
Nada más.
No porque contar hasta cinco tenga poderes especiales.
Sino porque esos cinco segundos pueden darte algo que muchas veces olvidamos que tenemos:
un momento para decidir.
Antes de responder.
Antes de decir que sí.
Antes de volver a hacer algo simplemente porque todos esperan que lo hagas.
Cinco segundos para respirar y preguntarte:
¿Esto también es lo que quiero yo?
Y algunas veces la respuesta será sí.
Otras veces será no.
Pero empezarás a escucharte.
Y eso cambia muchas cosas.
RECUPERAR TU ESENCIA EMPIEZA POR ESCUCHARTE
Durante mucho tiempo podemos buscar respuestas fuera.
¿Qué debería hacer?
¿Qué pensará la gente?
¿Será demasiado tarde?
¿Estaré siendo egoísta?
¿Y si me equivoco?
Pero hay preguntas que solamente tú puedes responder.
¿Qué necesito en este momento?
¿Qué estoy echando de menos?
¿Qué parte de mi vida ya no se siente como mía?
¿Qué estoy haciendo solamente por miedo?
¿Dónde estoy diciendo que sí cuando en realidad quiero decir que no?
No necesitas responderlas todas hoy.
Empieza por una.
Y escucha la respuesta sin juzgarte.
DEJA DE ESPERAR A SENTIRTE PREPARADA
Hay algo que aprendí tarde:
no siempre te vas a sentir preparada para empezar a elegirte.
A veces vas a tener miedo.
A veces vas a dudar.
A veces vas a pensar que estás siendo egoísta.
Y aun así puedes dar un pequeño paso.
Puedes reservar una hora para ti.
Puedes empezar una actividad que habías dejado.
Puedes poner un límite.
Puedes decir que no.
Puedes volver a estudiar.
Puedes cambiar una rutina.
Puedes pedir ayuda.
Puedes empezar algo que llevas años posponiendo.
No necesitas transformar toda tu vida en una semana.
A veces recuperar tu esencia empieza con algo tan pequeño que casi nadie lo nota.
Pero tú sí.
VOLVER A TU CUERPO TAMBIÉN ES VOLVER A TI
A veces vivimos demasiado tiempo dentro de nuestra cabeza.
Pensando.
Organizando.
Preocupándonos.
Anticipando lo que puede ocurrir.
Y nos olvidamos de algo tan sencillo como estar presentes.
Respirar.
Caminar.
Ducharnos sin correr.
Tomar un café tranquilamente.
Ponernos nuestra crema.
Perfume.
Peinarnos porque nos apetece.
Ponernos una ropa que nos haga sentir bien.
No para que alguien nos mire.
Para nosotras.
Porque cuidar de ti no tiene que convertirse en otro proyecto.
Puede ser simplemente una forma de recordarte:
“Yo también estoy aquí.”
UN PEQUEÑO RITUAL PARA VOLVER A TI
No necesitas hacer un ritual complicado.
El mío puede durar solamente cinco minutos.
Busca un lugar tranquilo.
Cierra los ojos.
Respira.
Y pregúntate:
¿Qué necesito de mí hoy?
No qué necesitan los demás.
No qué tienes que resolver.
No qué deberías hacer.
Qué necesitas tú.
Después escribe una sola cosa.
Puede ser:
“Necesito descansar.”
“Necesito poner un límite.”
“Necesito salir.”
“Necesito hablar.”
“Necesito estar sola.”
“Necesito volver a hacer algo que me gusta.”
Y después haz algo pequeño que esté de acuerdo con esa respuesta.
Eso es todo.
No necesitas hacerlo perfecto.
Necesitas hacerlo real.
TU ESENCIA NO TIENE QUE PARECERSE A LA DE OTRA MUJER
Esta parte es importante.
Porque cuando hablamos de “esencia femenina”, fácilmente podemos caer en la idea de que existe una manera correcta de ser mujer.
No.
No existe una sola forma de ser femenina.
No tienes que ser delicada.
Ni siempre tranquila.
Ni siempre sensual.
Ni siempre fuerte.
Puedes ser todas esas cosas.
O ninguna.
Puedes cambiar.
Puedes tener días en los que no tengas ganas de nada.
Puedes querer una vida tranquila.
O una vida llena de proyectos.
Puedes amar tu familia y necesitar estar sola.
Puedes cuidar de otros y aprender, al mismo tiempo, a cuidarte a ti.
Tu esencia no es un personaje que tienes que interpretar.
Es la relación que tienes contigo cuando dejas de intentar ser lo que los demás esperan.
TAMBIÉN TENDRÁS QUE DEJAR ALGO ATRÁS
Volver a ti no significa solamente recuperar cosas.
A veces significa soltar.
Una obligación que ya no tiene sentido.
Una relación que te desgasta.
Una forma de hablarte.
Una culpa que llevas demasiado tiempo cargando.
La necesidad de agradar.
El miedo a decepcionar.
La costumbre de explicar constantemente tus decisiones.
Y esto puede doler.
Porque incluso aquello que nos hace daño puede resultar conocido.
Pero hay momentos en los que tienes que preguntarte:
¿Cuánto de mi vida estoy utilizando para mantener una versión de mí que ya no quiero seguir siendo?
NO PIDAS PERMISO PARA SER IMPORTANTE EN TU PROPIA VIDA
Durante mucho tiempo podemos esperar que alguien nos dé permiso.
Para descansar.
Para cambiar.
Para empezar.
Para decir que no.
Para querer algo diferente.
Para ocupar espacio.
Pero nadie puede vivir tu vida por ti.
Y tampoco debería hacerlo.
No tienes que convertirte en una mujer egoísta.
Solo necesitas dejar de ser siempre la última persona de tu lista.
Porque tú también cuentas.
Tus sueños cuentan.
Tu tiempo cuenta.
Tu tranquilidad cuenta.
Tu voz cuenta.
Y lo que quieres para tu vida también merece un lugar.
CINCO SEGUNDOS PARA ELEGIRTE
Quiero dejarte un pequeño ejercicio.
La próxima vez que estés a punto de responder automáticamente a algo, detente.
Solo cinco segundos.
1. Respira.
2. Escucha lo que estás sintiendo.
3. Pregúntate qué necesitas.
4. Decide.
5. Actúa desde esa decisión.
No siempre podrás elegir lo que quieres.
Tenemos responsabilidades.
Tenemos circunstancias que no podemos controlar.
Tenemos personas que dependen de nosotras.
Pero casi siempre podemos encontrar un pequeño espacio para decidir cómo queremos acompañarnos en aquello que estamos viviendo.
Y ese espacio puede ser el comienzo.
RECUPERAR TU ESENCIA NO SIGNIFICA EMPEZAR DE CERO
Quizá esto sea lo que más quiero que recuerdes.
No estás empezando de cero.
Llegas hasta aquí con todo lo que has vivido.
Con tus errores.
Tus decisiones.
Tus pérdidas.
Tus aprendizajes.
Las veces que te equivocaste.
Las veces que fuiste valiente aunque tuvieras miedo.
Las veces que seguiste adelante sin saber cómo.
Todo eso también forma parte de ti.
Por eso no quiero que mires hacia atrás pensando:
“¿Dónde estaba la mujer que era?”
Prefiero que te preguntes:
“¿Quién quiero ser ahora?”
Porque todavía puedes elegir.
Todavía puedes cambiar.
Todavía puedes empezar.
Mientras estés viva, sí.
Y SI HOY SOLO PUEDES HACER UNA COSA…
Haz una pequeña cosa por ti.
No para demostrar nada.
No para convertirte en una mujer perfecta.
No para comenzar una nueva vida mañana.
Solo para recordarte que sigues aquí.
Puede ser una caminata.
Una llamada.
Un baño tranquilo.
Un café.
Una página escrita.
Una decisión.
Un no.
Un sí.
Cinco minutos sin atender a nadie.
Algo pequeño.
Pero tuyo.
Porque recuperar tu esencia no ocurre de golpe.
Ocurre cada vez que vuelves a escucharte.
Cada vez que dejas de ignorar lo que necesitas.
Cada vez que eliges algo que te hace bien.
Cada vez que recuerdas que tú también mereces estar en tu propia vida.
Y quizá eso sea realmente volver a ti.
No convertirte en otra mujer.
Sino dejar de abandonar a la que ya eres.
Con amor, Verónica
Fundadora de Esencia de Mujer
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