
Mujer… Amiga… Hermana… Madre… Abuela…
Hay algo que muchas veces no decimos en voz alta:
Sabemos cuidar a todos…
pero no sabemos cuidarnos a nosotras.
Y no porque no queramos.
Sino porque nos hemos olvidado de cómo se siente.
CUANDO DEJAS DE ELEGIRTE
Das.
Sostienes.
Acompañas.
Pero por dentro…
Te hablas mal.
Te exiges demasiado.
Te olvidas de ti.
Y un día te das cuenta de algo:
Estás cansada… pero no sabes exactamente de qué.
No es el trabajo.
No es la rutina.
No es la gente.
Es la forma en la que te estás tratando a ti misma.
Sin darte cuenta, te has desconectado.
Y lo más duro…
Es que lo has normalizado.
CUANDO EMPIEZAS A TRATARTE CON AMOR
El amor propio no empieza cuando te sientes perfecta.
Empieza cuando decides dejar de tratarte como si siempre fueras la última de tu propia lista.
Puedes volver a ti sin castigarte.
Es la piedra del amor propio.
De la suavidad.
De la sanación emocional.
No empuja.
No obliga.
Sostiene.
Un pequeño ancla para volver a ti.
A veces no necesitamos otra respuesta. Necesitamos un momento para volver a escucharnos.
Un objeto puede ayudarnos a crear ese momento: una piedra, un perfume, una taza de café, una libreta o cualquier cosa que tenga un significado especial para nosotras.
No porque tenga que cambiar nuestra realidad.
Sino porque puede convertirse en un ancla de nuestra intención.
Algo que nos recuerde parar.
Respirar.
Escucharnos.
Y volver al cuerpo cuando la mente lleva demasiado tiempo corriendo.
Lo importante no es el objeto.
Es lo que decides recordar cuando lo tienes entre tus manos.
Un minuto para elegirte.
No necesitas una hora libre.
No necesitas preparar nada especial.
Solo necesitas un minuto.
Detente.
Respira lentamente.
Y pregúntate:
¿Qué necesito de mí hoy?
No qué necesitan los demás.
No qué deberías hacer.
No qué esperan de ti.
Qué necesitas tú.
Puede ser descanso.
Puede ser silencio.
Puede ser decir que no.
Puede ser salir a caminar.
Puede ser simplemente sentarte cinco minutos sin hacer nada.
Elegirte también puede empezar así.
Tratarte con amor también es una decisión.
El amor propio no siempre se siente como una gran transformación.
A veces se parece a algo mucho más pequeño.
A dejar de hablarte mal.
A no exigirte más de lo que exigirías a alguien que amas.
A reconocer que estás cansada.
A dejar de justificar aquello que te hace daño.
A permitirte descansar sin sentir que tienes que merecerlo.
Y, sobre todo, a recordar que tú también formas parte de las personas que merecen tu cuidado.
Con amor, Verónica
Fundadora de Esencia de Mujer
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Hola , me encanta lo que has escrito debemos tratarnos con amor.
Es una grande inspiración tu blog.