
¿Cuántas veces has mirado el móvil hoy esperando un mensaje suyo?
Si llegaste aquí buscando cómo dejar de idealizar a un hombre, ya sabes algo que muchas tardan años en ver. Te estás haciendo pequeña al lado de alguien que pusiste muy arriba.
Y a lo mejor te pasa también lo otro. Quieres volver a enamorarte, de verdad lo quieres, pero cada vez que alguien se acerca piensas en el que te hizo daño. Te da miedo equivocarte otra vez.
Este artículo es para ti. Para la que todavía no ha vivido esto y para la que ya lo vivió y quiere volver a abrir la puerta sin que le rompan el corazón.
Lo que yo viví
Me enamoré de un hombre muy inteligente, con dos carreras y siempre bien presentado. Lo que más me atrajo de él fue su inteligencia, todo lo que sabía y cómo hablaba. Y su elegancia, esa forma suya de atraer a las personas apenas entraba en un sitio. Tenía una sonrisa que te desarmaba.
Yo lo trataba con amor. Lo cuidaba, lo admiraba, lo alzaba como persona. Lo idealicé sin darme cuenta.
Con el tiempo vi lo que no quise ver al principio. Era un hombre enamorado de sí mismo. Primero estaba él, segundo él y tercero también él. No digo que no sintiera nada por mí. Pero hoy entiendo que me veía como alguien a quien podía utilizar.
Son esos hombres que parecen corderitos y por dentro son peores que los lobos. Al principio no te das cuenta. Te envuelven con su sonrisa, con su mirada, con un encanto que fingen todo el tiempo. Se creen únicos. Y poco a poco empiezan a menospreciar a la persona que tienen al lado.
Yo era esa persona. Y lo peor fue que el pedestal se lo había construido yo.
Por qué idealizamos a un hombre
Porque nos enseñaron a buscar al hombre perfecto. El que te va a entender sin que hables y llega a salvarte.
Te voy a decir algo con todo el cariño del mundo: ese hombre no existe. Ni para ti ni para nadie.
Cuando idealizas a un hombre, te enamoras de una idea. A mí me deslumbraron su inteligencia y sus títulos. A otra la deslumbra el dinero, la seguridad o lo bien que habla. Ves lo que brilla y rellenas el resto con lo que te gustaría que fuera. Y cuando la realidad aparece, en vez de verlo a él, te culpas a ti por no haber sido suficiente.
Lo que nadie te cuenta: cuando él sube, tú bajas

El pedestal tiene un precio, y lo pagas tú.
Cuando pones a un hombre ahí arriba, todo lo tuyo pierde importancia. Tus planes se vuelven flexibles. Y tu tiempo, poco a poco, se vuelve suyo.
Y pasa algo más que casi nadie se atreve a decir. A un hombre al que se le da todo desde el principio no le queda nada por ganar. Da por hecho tu interés porque se lo das sin que tenga que mover un dedo. Por eso tantas mujeres terminan buscando en Google por qué los hombres pierden el interés en una mujer, cuando muchas veces la respuesta está en ese pedestal.
Con un hombre que solo se ama a sí mismo es peor todavía. Tu admiración es justo lo que él busca. Cuanto más lo alzas, más pequeña te ve.
Cómo dejar de idealizar a un hombre
Lo primero es acercarte con curiosidad y dejar la admiración para más adelante. En vez de decirle lo increíble que es cuando apenas lo conoces, pregúntale. Obsérvalo. Deja que te muestre quién es antes de decidir tú quién quieres que sea. Una frase como «todavía no logro descifrarte» dice mucho más que diez halagos.
Cuando le hagas un cumplido, que sea por algo que hizo de verdad. «Me gustó cómo trataste al camarero» vale más que «eres el hombre más maravilloso que he conocido». Uno reconoce lo que ves. El otro le regala una imagen que tú inventaste.
Deja que se esfuerce un poco. Un buen hombre necesita sentir que aporta, que puede demostrar lo que vale. Si se lo resuelves todo, le quitas esa oportunidad. Y en vez de pedirle las cosas como un favor, prueba a retarlo con juego: «a ver si eres capaz de encontrar un sitio donde hagan buen café en esta ciudad».
Y lo más importante de todo: cuida tu propio mundo. Tus amigas, tus planes, tus tiempos, lo que te hace ilusión a ti. Una mujer que tiene una vida llena no gira alrededor de nadie.
Ojo, que nadie te está pidiendo que te hagas la difícil ni que juegues con él. Lo único que importa aquí es que tú no desaparezcas.
A quién darle las llaves de tu corazón
Yo creo, y lo digo con fe, que Dios no nos hizo para estar solas. Necesitamos a alguien que nos quiera, que nos respete, que piense en nosotras. Alguien que te llame solo para saber cómo te fue el día o te mande un mensajito sin motivo. Querer eso es de mujeres vivas.
Así que no cierres la puerta porque uno te hizo daño. Lo que sí puedes cambiar es cómo miras.
Mira cómo trata a los demás, sobre todo a los que no le pueden dar nada: el camarero, su madre, el señor que limpia la calle. Ahí se ve quién es de verdad, mucho más que en cómo te trata a ti las primeras semanas.
Mira si se interesa por tu mundo o si cada conversación termina hablando de él. Un hombre que te quiere de verdad pregunta, escucha y se acuerda de lo que le contaste.
Mira qué pasa cuando le dices que no. Si lo respeta sin enfadarse ni hacerte sentir culpable, es buena señal.
Y sobre todo, date tiempo. El encanto se puede fingir unas semanas. Lo que no se puede fingir durante meses es el respeto.
En otro artículo te conté que las parejas que duran se eligen cada día. Para elegir a alguien de verdad tienes que verlo de verdad, con sus fallos. Y él tiene que verte a ti entera, con tu mundo, sin que lo hayas dejado todo por él.
No dejes que el que te hizo daño elija por ti
Muchas mujeres llegan a una nueva relación con el pasado sentado en la misma mesa. Desconfían de todo, o al revés, se lanzan sin mirar para demostrarse que ya lo superaron.
Lo que te pasó te enseñó algo. Úsalo para mirar mejor, sin dejar que te cierre el corazón para siempre. Ese hombre ya te quitó bastante tiempo. No le regales también tu futuro.
Si te reconoces en esto y sientes que te cuesta valorarte al lado de un hombre, quizá te sirva lo que te conté sobre la inseguridad y el amor propio.
Un rato para ti antes de verlo

Cuando empiezas a perderte en otra persona, lo que más falta te hace es volver a ti antes de salir por la puerta.
Para momentos así creé Ritual Cinco. Unas gotas de aceite de geranio y pachulí en las muñecas antes de una cita, y ese aroma te recuerda quién eres. La selenita con la Flor de la Vida en la mano, fría al principio y tibia después. El cofre negro sobre tu mesita, que cada mañana te dice que la primera cita del día es contigo. Y el pergamino, donde puedes escribir el amor que mereces antes de salir a buscarlo.
Todavía no está a la venta. Si quieres que te avise cuando lo esté, en la página de Ritual Cinco te cuento todo sobre el ritual y puedes apuntarte a la lista de espera.
Si hoy te diste cuenta
No te juzgues. Idealizar a un hombre les pasa a las mujeres que quieren mucho y que nunca aprendieron a quererse igual a ellas mismas. A mí también me pasó.
Somos mujeres, estamos vivas y nos toca vivir. Y por qué no al lado de un buen hombre. Solo que esta vez, las llaves de tu corazón las vas a entregar con los ojos abiertos.
Te espero en Instagram, en @eesenciademujer. Cuéntame si alguna vez pusiste a alguien tan arriba que te perdiste de vista. Aquí nadie te va a juzgar.
Con amor,
Verónica
Fundadora de Tu Esencia de Mujer
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