Mano de mujer junto a un teléfono boca abajo y un café, amistades que se pierden, Tu Esencia de Mujer

¿Cuándo fue la última vez que una amiga te preguntó cómo estabas y se quedó a escuchar la respuesta?

Hablo de la pregunta de verdad. La de pasada, ese «¿todo bien?» que se dice mientras ya se está contando lo propio, esa no cuenta. Hablo de la que espera. La que vuelve a preguntar dos días después porque se acordó.

Si tuviste que pensarlo un rato, este artículo es para ti. Hoy quiero hablarte de las amistades que se pierden con los años, casi siempre en silencio. Y también de mí, porque mientras lo escribía me hice la misma pregunta al revés.

Siempre eres tú la que llama

Hay amistades que funcionan como una calle de un solo sentido. Tú escribes para saber cómo le fue en el médico. Tú te acuerdas de que el jueves tenía la entrevista.

Contestas el audio de siete minutos a la una de la mañana, aunque al día siguiente te toque madrugar. Y lo haces con gusto, porque la quieres.

Pero cuando por fin te toca a ti, cuando le cuentas que estás cansada o que algo te dolió, la conversación dura dos frases. «Ay, qué fuerte.» Y en un momento ya está otra vez en lo suyo.

A eso se le llama amistad unilateral: una relación en la que una da y la otra recibe. Casi nunca hay mala intención. Simplemente se sostiene porque tú sigues poniendo todo de tu parte.

Cómo saber si estás en una amistad unilateral

Hazte una prueba sencilla. Piensa en esa amiga y pregúntate cuánto sabes de su vida y cuánto sabe ella de la tuya. Si tú conoces el nombre de su jefe y lo que le dijo su hermana el domingo, y ella no sabe en qué trabajas ahora, ahí tienes una pista.

Fíjate también en cómo te sientes cuando cuelgas. Después de hablar con una amiga de verdad quedas más liviana, aunque hayan hablado de cosas tristes. Después de una amistad unilateral quedas como quien sale de un turno doble.

Y la prueba más honesta de todas: imagina que dejas de escribirle tú. ¿Cuánto tardaría en aparecer? Si la respuesta es «hasta que necesite algo», ya lo sabes.

Mi historia con las amigas

Mano de mujer sosteniendo una foto antigua con sus amigas, amistades que se pierden con la distancia, Tu Esencia de Mujer
Algunas amistades se apagan sin que nadie diga adiós.

Ahora te cuento lo mío, porque esta historia tiene dos lados.

Desde niña tuve mis amigas. Después la vida me llevó lejos: viví veinticinco años en Italia y hoy escribo desde Tenerife. Con cada mudanza se fueron quedando amistades en el camino. Algunas las mantuve y todavía las tengo. Muchas otras se apagaron sin que nadie dijera adiós.

Pienso en las amigas con las que salía a bailar, con las que me reía hasta tarde. Hoy, si sé de ellas una vez cada tres o cuatro años, ya es mucho. Algo se perdió por el camino. Esa amistad de verdad, la de llamarse sin motivo, se fue quedando en silencio.

Y aquí viene la parte que me costó escribir. Esas amigas son buenas personas. Cuando lo pienso con calma, muchas veces la que se alejó fui yo. Me encierro en mi mundo. Me dedico tanto al trabajo que se me pasan las semanas sin llamar. No mando ese mensaje que pensé mandar. Y luego me pregunto por qué nadie me escribe.

Lo que nadie te dice

La mayoría de las amistades que se pierden terminan sin una pelea. Se van apagando de a poco, porque ninguna de las dos llamó. La amistad se cuida desde los dos lados. Es verdad que hay amigas que nunca preguntan cómo estás, que solo cuentan lo suyo. También es verdad que a veces la que no pregunta somos nosotras.

Fíjate para qué llamas tú. Casi siempre hay un motivo: un cumpleaños, una reunión, organizar una salida. ¿Cuándo fue la última vez que llamaste a una amiga solo para decirle «me haces falta»? O «hoy me acordé de ti».

Son frases muy pequeñas. Y a quien las recibe le cambian el día.

Con los años también aprendí otra cosa. Cada una tiene su vida y sus problemas que resolver, y eso hay que respetarlo. Que una amiga tarde en contestar a veces quiere decir que está cansada o que lleva algo por dentro que todavía no sabe contar. Ahí podemos ser una ayuda, aunque sea con una frase: «Aquí estoy. Puedes contar conmigo.»

Hoy me quedan dos o tres amigas de verdad. Hablamos y nos escuchamos. No son muchas, y las cuido como lo que son: un regalo.

Qué puedes hacer a partir de hoy

Si eres tú la que siempre sostiene, deja de adelantarte por un tiempo. Hazlo con curiosidad, para ver qué pasa cuando no eres tú la que empieza la conversación. Y cuando te toque a ti, cuenta lo tuyo y pide que te escuchen: «Hoy necesito que me escuches tú a mí.»

Si te reconociste en la que se alejó, como me pasó a mí, no esperes al próximo cumpleaños. Escribe hoy. Sin excusas largas ni explicaciones de por qué desapareciste. Un «te he pensado» basta.

Después, deja que cada amistad responda a su manera. Algunas se van a encender otra vez, porque el cariño seguía ahí. Otras se van a ir apagando. Las dos cosas están bien. Elegir con quién compartes tu tiempo también es amor propio.

Y si quieres seguir leyendo sobre soltar lo que ya no te hace bien, te dejo lo que aprendí sobre sanar, soltar y volver a ser yo.

Dos manos de amigas que se encuentran sobre la mesa, volver a acercarse tras las amistades que se pierden, Ritual Cinco
Un «te he pensado» basta.

Una última cosa

Antes de cerrar esta página, piensa en una amiga. La que pregunta siempre o la que hace tiempo no sabes de ella.

Escríbele hoy. Dile que la piensas.

Y si quieres regalarte cinco minutos cada mañana para recordar lo que mereces, también en tus amistades, para eso creé Ritual Cinco. Todavía no está a la venta, pero en su página puedes dejar tu correo.

Si este artículo te hizo pensar en alguien, cuéntamelo en Instagram, en @eesenciademujer. Allí y aquí, en tuesenciademujer.com, te sigo escribiendo sobre lo que nadie nos dijo.

Con amor, Verónica
Fundadora de Tu Esencia de Mujer

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