Elegirse A Una Misma: El Acto Más Espiritual Cuando Dejas De Mendigar Amor.
-
enero 17, 2026
-
37
Hubo un momento en mi vida en el que entendí algo que me partió el alma, pero que terminó por salvarme: no estaba pidiendo amor, estaba pidiendo migajas.
No fue un despertar de golpe. Fue un proceso lento, silencioso y, a veces, muy cruel conmigo misma. Fue esa costumbre amarga de callar lo que sentía para no incomodar al otro, de sonreír por fuera mientras sentía que mi luz interior se iba apagando, como una vela que se queda sin oxígeno.
Yo amé. Mucho. Durante 14 años intenté sostener una relación donde la comunicación dejó de ser un puente para convertirse en un campo minado. Me quedé más tiempo del que debía; no por exceso de amor, sino por un miedo paralizante.
Miedo a la soledad. Miedo al fracaso. Miedo a no ser capaz de sostener la vida siendo madre soltera de dos hijas. Hasta que un día, el grito de mi alma fue más fuerte que el susurro de mis temores.

Elegirse a una misma no es egoísmo, es supervivencia.
Nos han enseñado que ser “buena mujer” es sinónimo de sacrificio. Que aguantar es una virtud y que elegirnos es un acto de egoísmo. Pero nadie te advierte lo que sucede cuando te abandonas a ti misma para intentar sostener algo que, en realidad, ya no te sostiene a ti.
Elegirme dolió. Implicó romper una versión de mí que ya no era verdad. Y, sin embargo, ha sido el acto más profundamente espiritual de toda mi vida.
Porque la espiritualidad no se trata solo de prender velas o meditar en silencio. Espiritualidad es tener el coraje sagrado de decir: “Aquí ya no florezco”, y tener la valentía de marcharte.
Cuando me elegí, no me sentí fuerte… me sentí honesta
Quiero decirte algo, mujer que me lees y quizás te sientes reflejada en mis palabras: cuando tomé la decisión, no me sentí poderosa. Me sentí vulnerable, temblorosa y profundamente cansada. Pero, por primera vez en años, me sentí honesta.
Fue ahí cuando mis herramientas espirituales cobraron un sentido real. Empecé a usar mis aceites esenciales y mis piedras energéticas no como una solución mágica para que el dolor desapareciera, sino como anclajes de mi intención.
-
Cada gota de aceite en mis muñecas era una pausa para respirar en medio del caos.
-
Cada piedra que sostenía en mis manos era un recordatorio de que podía volver a habitar mi propio cuerpo, mi propio templo.
No las usaba para atraer amor de afuera, sino para cultivar el amor que yo me había negado durante tanto tiempo. Porque cuando una mujer cambia su energía y decide que es digna de lo mejor, la vida, inevitablemente, empieza a responder distinto.
Una práctica diaria
Elegirse no es una meta a la que llegas y te sientas a descansar. Es una práctica diaria. Me elijo cuando pongo límites que antes me daban terror. Me elijo cuando digo “no” sin dar mil explicaciones. Me elijo cuando dejo de justificar lo que me lastima.
No siempre es cómodo, pero siempre es real.
Si hoy estás en un lugar donde amas pero te sientes sola; si tu cuerpo te pide silencio y tu alma te grita verdad… tal vez no necesitas buscar más respuestas afuera. Tal vez necesitas empezar por lo más difícil y lo más sagrado: Elegirte.
Y si todavía no sabes cómo hacerlo, no te preocupes. Aquí, en Esencia de Mujer, caminamos juntas. Sin prisas, sin máscaras, pero con toda el alma.
Leave a comment